Con un gesto el mundo plástico levanta catedrales vacías – espacios versátiles.
Descubre – corta, pega –información. Libre de todo. De derechos. De fuentes.
Las páginas se pasan en pantalla y las horas no se tienen. Se pierden.
¿De qué sirve aprender si nadie sabe, si con un gesto los datos del consenso acuden a las teclas? La verdad se mide por entradas en el buscador.
Pero él se levanta a las 4.00. Luego ríe y dice “basta lavorare!” pero se ha levantado a las 4.00. Nostalgia de libros – a las 4.oo nadie llama y nadie miente. Los libros no responden ni se ofenden. Se ofrecen, generosos en carne y tiempo. Él ofrece verdad y sonrisa. La generosidad se aprende de los libros.
El pudor auténtico de un gigante conmueve. Ríe, escucha, farfulla chistes y críticas mordaces, se finge tonto, cura casposo, retrógrado cínico, elitista monseñor. Cuando en realidad es catedral inmensa y llena de incienso, luz y frescura. De silencio (a las 4.oo, calla Venecia mojada). Basta un gesto y se descubre una vidriera, que vuelve a cubrir patoso, con sonoras carcajadas. Columnas de Oxford, mosaicos de Roma e ironía de taberna (cuando en ella se compartían canciones con el ala invernal del castillo).
Aunque dirijas el mundo a desgana, entre diamantes plásticos y silicona viscosa, me has mirado a los ojos (¿recuerdas?). Lo sé. Lo sabes. Y eso basta, porque también Dios lo sabe.

Deja un comentario
Feed de los comentarios de este artículo